Lograr una vacuna efectiva y en tiempo récord es el gran reto de países ante la pandemia

Encontrar una vacuna para el Covid-19 se ha convertido en el reto de varios países; entre ellos, España, China, Rusia y Estados Unidos, que trabajan día a día para lograrlo. Sin embargo, es de resaltar que, de acuerdo a estudios, obtener una vacuna eficaz, podría llevar de 10 a 20 años, y el problema radica en que, para la fecha esta pandemia no da ventaja alguna de tiempo a especialistas y científicos, lo que dificulta dar en menos de un año con la vacuna adecuada. Antes de proceder a cualquier prueba clínica en humanos, cualquier vacuna debe pasar por una fase 0, o preclínica, que incluye pruebas in vitro y en animales, tales como los ratones o monos.

En esta etapa la vacuna debe probar que es segura y funciona en animales, para después entregar la data recolectada a las distintas agencias mundiales que dan el permiso para proceder a los estudios clínicos en humanos.  A menudo, las etapas preclínicas duran de 1 a 2 años.

La empresa China, CanSino Bio, es una empresa dedicada a fabricar vacunas. En conjunto con el Instituto de Biotecnología de Beijin, es el grupo que se encuentra más avanzado en la carrera por la vacuna contra el coronavirus. Ya están en la fase 2.

La vacuna que están desarrollando se basa en una modificación genética al adenovirus de replicación defectuosa tipo 5 (Ad5-nCoV) de CanSinoBIO. El adenovirus también se ha aplicado con éxito para desarrollar la vacuna a nivel mundial contra la infección por el virus del Ébola.

El 24 de abril, la vacuna ChAdOx1 nCoV-19, que está siendo diseñada por la Universidad de Oxford, en conjunto con el apoyo de la empresa AstraZeneca, fue la primera en Europa en entrar a la fase 1, para ser probada en humanos, con unos 1.110 voluntarios sanos.

Los investigadores de Oxford ya han utilizado ChAdOx1 para probar vacunas contra el ébola, la chikungunya, la fiebre del Valle del Rift y con el virus del Síndrome Respiratorio del Medio Oriente (MERS), un coronavirus relacionado con el COVID-19. En este último caso, los resultados obtenidos fueron positivos, especialmente porque se realizaron en macacos rhesus, una especie de monos considerada “casi lo más parecido que tenemos a los humanos.

En marzo, seis de estos monos recibieron una dosis de la vacuna ChAdOx1 nCoV-19 y luego fueron expuestos a grandes cantidades de COVID-19. Al pasar 28 días, los animales estaban sanos. Ahora Oxford se encuentra a la espera de la permisología de emergencia para probar la vacuna en más de 6 mil personas, a finales del mes de mayo, y los científicos que trabajan en ella estiman que luego de probar su eficiencia, podría estar lista para septiembre.

Por su parte la farmacéutica norteamericana, en conjunto con la compañía alemana, BioNTech, está trabajando en una vacuna que contiene un tipo de material genético llamado ARN mensajero.
El virus, generalmente, usa esta proteína como clave para desbloquear y controlar las células pulmonares, por lo que la vacuna podría entrenar a un sistema inmunitario saludable para producir anticuerpos y combatir una infección.

El lunes, 4 de mayo, las empresas empezaron a probar cuatro versiones de la vacuna en jóvenes sanos en Estados Unidos. Sin embargo, en el mes de abril ya habían inyectado en Alemania a los primeros voluntarios humanos con la BNT162.

Esta inyección experimental se administró a solo 12 adultos sanos, aunque el ensayo, finalmente, se ampliará a 200 participantes entre las edades de 18 y 55 años. En Estados Unidos, las compañías farmacéuticas planean probar la vacuna en hasta 8 mil voluntarios para el final de la segunda fase. Estos estarán divididos en grupos, para comparar las cuatro variaciones de la vacuna.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), cita a casi 70 estudios científicos, asegura que existen estimaciones que indican que anualmente se previenen seis millones de muertes en todo el mundo por el uso de vacunas. Solo en Estados Unidos, ha disminuido en un 99% la incidencia de nueve enfermedades en las cuales el uso de vacunas ha sido recomendado por décadas.

Las vacunas que han probado ser eficientes, no solo protegen a las personas inmunes a una enfermedad, sino que también pueden reducir las enfermedades entre las personas no inmunizadas, con lo que se conoce como la inmunidad del grupo. Esto último se refiere a que cuando una buena parte de la población se encuentra vacunada e inmunizada contra una enfermedad, se proporciona una protección indirecta a otros individuos de la sociedad. Tal fue el caso en Gambia, donde cerca de un 70% de la población vacunada fue suficiente para eliminar la enfermedad Hib.

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