Influencia de la alimentación en la conducta

Es frecuente que oigamos que de la alimentación dependerá el crecimiento sano y fuerte de un individuo, no obstante, no solo la salud física es influenciada por los alimentos, ya que ellos también ejercen efecto en las emociones y en la conducta.

En los últimos años se han realizado diversas investigaciones sobre este tema,  en los cuales, se ha demostrado que una nutrición balanceada y variada en vitaminas, minerales, proteínas, carbohidratos, grasas saludables y otros nutrientes juegan, no solo un papel central en el desarrollo físico de un individuo, sino que puede influir en el sistema nervioso central.

El sistema nervioso central (SNC) es el encargado de recibir y emitir señales y estímulos a todo el cuerpo. Se considera la estructura más compleja de todas las que trabajan en el cuerpo humano. El SNC se caracteriza por ser el núcleo de nuestro procesamiento mental, es el encargado de tratar la información que recogen nuestros sentidos para que podamos comprenderla mejor.

En ese sentido, lo que ingerimos, como lo ingerimos y en qué cantidades, es necesario que sea tomado en consideración para identificar elementos relevantes al cambio conductual.

Alimentaciones que estén basadas en el desorden y desequilibrio, generará ese mismo efecto en el organismo, incidiendo en la relación de éste con el entorno, sea niño o adulto.

Una mala alimentación altera la conducta adaptativa, promoviendo excesiva inquietud, conducta ansiosa, humor irritable, conductas agresivas, atención variable, disminución de la capacidad cognitiva. Hay niños y adolescentes que tienen un diagnostico de Autismo, Trastorno de Hiperactividad y al no controlar su alimentación, los síntomas se incrementan aun mas.

Debemos ser conscientes de que existen alimentos que promueven una conducta ansiosa y cargada de energía, resultando conveniente limitar el uso de este tipo de alimentos, pues ayudará al niño o adolescente a controlar la inquietud que manifiesta.

  • Se debe evitar o limitar el consumo de alimentos con alto contenido de azúcar, como tortas, galletas, helados, refrescos, pues la azúcar elevará su adrenalina, causando la inquietud.
  • Se debe promover el consumo de ácidos grasos omega 3 y omega 6, los cuales ayudan a beneficiar el cerebro y deben ser ingeridos externamente, ya que el organismo no los fabrica. Estos componentes se encuentran en: las sardinas, el atún, frutos secos…
  • Introducir alimentos ricos en triptófano, este aminoácido, es el precursor de la serotonina, la llamada sustancia química del sueño, favorece al sueño pues estimula la melatonina, es el neurotransmisor que regula los ritmos cardíacos y el descanso nocturno. También ayuda a estabilizar las alteraciones del sistema nervioso (estrés, depresión, o ansiedad) se encuentra en: el pollo, el pescado, huevo, especialmente la yema, plátano, cambur, piña, aguacate, zanahoria, brócoli, apio, remolacha, espinacas, berros, legumbres (garbanzos, lentejas), chocolate negro, cereales integrales (especialmente la avena y el arroz)…
  • Evitar el uso frecuente de bebidas estimulantes con cafeína y teína, el chocolate.
  • Ingerir jugos naturales y abundante agua.

 

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