Identificando el maltrato en la dinámica familiar

Vivimos en una cultura cargada de violencia, donde al tener conductas habituales para reprender, enseñar o transmitir autoridad, se emplea la agresión, el maltrato o la violencia para convencer a la otra persona.

Muchas veces lo común puede volverse algo normal, por lo que debemos tomar conciencia, pues con “normalidad” se emplea la violencia para convencer o para implementar las percepciones sobre un tema en específico.

Podemos considerar que una actitud violenta es aquella que disminuye o anula a la otra persona, cuando sobrevaloramos nuestros derechos y disminuimos los derechos de otro, estamos siendo violentos. Existen diversos modos de ser violento, entre esos tipos, existen violencias sutiles, expresas, contundentes, delictivas, entre otras.

Si somos conscientes de la sociedad en la que vivimos, la violencia inicialmente es vista como sinónimo de autoridad, control, reconocimiento y hasta de formación, lo cual se evidencia cuando basamos la crianza en el maltrato. De allí se empieza a gestar en el individuo un paradigma o creencia de que la violencia permite corregir, moldar y ajustar lo que no encaja o no es correcto según su parecer.

Al decir que “un golpe a tiempo vale la pena porque corrige o forma” o emplear el uso de etiquetas y sobrenombres, hace de la violencia algo común desde la niñez, y debemos ser conscientes de ello para poder transformarlo.

El que ama no genera daño, el que ama cuida y no debemos disfrutar la frustración de amor, cuando se golpea a alguien (niño o adulto) por no obtener lo que se desea, llevándolo a ejecutar conductas de maltrato para convencer al otro del cambio. Este es en primera instancia, uno de los factores primordiales que origina las conductas de maltrato y sumisión dentro de una relación de pareja.

De acuerdo a cómo identificamos “el amor” lo buscaremos y lo tendremos en nuestras vidas. Al entender o creer que el amor o el que ama golpea para enseñar, o cuidar, codificaremos ese mensaje en nuestro sistema de creencias y en base a ello, estableceremos nuestros patrones de conducta, para buscar pareja y hacernos pareja.

La prevención para que una mujer no permita el maltrato en su relación de pareja, comienza en la formación y la crianza, debemos educar y formar con respeto, estableciendo disciplina con firmeza y sin agresión.

 

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